martes, 24 de noviembre de 2009

REMEMORACIONES

I
Puede que mañana,
el brioso caballo
que con armonía
desliza su garbo
por esos caminos,
no adorne mas campos
con su estampa altiva,
y que los encantos
de un trote armonioso
no roce los prados.
***
Puede que mañana,
las miles de estrellas
que lucen sus guiños,
y fieles nos muestran
su gracia y su luz
en las noches bellas
del pueblo andaluz,
oculten su esencia
en la tenebrosa
penumbra que reinan.
***
Puede que mañana,
el sol alocado
que acude violento
lanzando sus rayos
con fuerza en estio,
encuentre un ocaso
que apague su rabia
de tiempos pasados,
y no encuentre un alba
que pueda ayudarlo.
***
Puede que mañana,
los árboles verdes
que pueblan la tierra
un otoño encuentren
que no tenga fin,
otoño perenne
que guarde la vida
para que no muestre
la fiel primavera
sus bellos vergeles.
***
Puede que mañana,
las blancas espumas
que nacen del rio,
de enormes llanuras
de agua y de sol,
tan solo sean brumas
del cieno cobrizo
de inmunda espesura
que pueble los rios
que ahora son lunas.
***
Puede que mañana,
los callados patios
que alegran la vida
con sus perfumados
alientos de siempre,
tan solo sean rastros
de inertes despojos,
tan solo sean rancios
sepulcros que muestren
la vida de antaño.
***
Puede que mañana,
las blancas paredes
que muestran su luz
cuando el sol las hiere,
los blancos perfiles
cual nubes de nieve,
tan solo sean muros
de oscuros relieves,
tan solo ruinas
de infiernos inertes.
***
Puede que mañana,
la fiel golondrina,
que nos hace sombra
con su aérea vida,
no recorra mas
las calles tranquilas
de los bellos barrios,
y que las caricias
de su sombra alegre
no tengan mas citas.
***
Puede que mañana,
el brioso caballo,
las miles de estrellas,
el sol alocado,
los árboles verdes,
los rios, los patios,
las blancas paredes
cansadas de Castro,
la fiel golondrina
ya no los veamos.
***
Puede que mañana,
no existan las vidas
que dieron a Castro
color y alegría;
pero en el recuerdo
siempre estarán vivas;
siempre vivirás
mientras uno diga
lo que sea de ti,
despues ya no hay vida.


II - Homenaje a mi madre

Una fría tarde de Enero
se ha marchado para siempre
Francisca Gutierrez Pérez,
y ya nunca la veremos;
¡que pena que a los recuerdos
también les llega la muerte!.
Por eso quiero cantar
antes de que se disipen
los recuerdos que aun existen,
su nobleza y su bondad.
Por eso quiero exaltar
las cualidades sublimes
que siempre la acompañaron,
y es que noto que se mueren
sus recuerdos en mi mente,
sin compasión aplastados
por otros que van llegando
como el agua del torrente.
Recuerdo que sus vecinas
solicitaban las ollas,
sartenes y cacerolas,
a cualquier hora del día,
ella se las ofrecía
con agrado siempre a todas.
Llegaban de todo el barrio
a coger unas ascuitas,
un poco de manzanilla,
o un dientecito de ajo,
y Frasquita siempre dando
lo que apenas si tenía.
Jamás nadie conoció
negativa o mala cara
a cuanto solicitaban,
y a veces se disculpó
cuando a alguna no sirvió
como ella deseaba.
Nunca de alguno habló mal,
y si algún día se enfadó,
su enfado jamás logró
que nublara su bondad.
Reina de Castro del Rio,
Princesa del Guadajoz,
alejada de los dos
dió su último suspiro.

V
Ondeando sus harapos,
cual banderas derrotadas
en las batallas de antaño,
corre la niña asustada;
y tras ella raudas corren
las voces alborotadas
de una multitud enorme,
y tras las voces, las ansias
del gentío precipitado
que persigue a la gitana.
La niña corre hacia el campo
con el trofeo que lograra;
aunque sus fuerzas se agotan,
aunque sus pies doloridos
van dejando breves gotas
de carmín sobre el camino;
pero ya no puede mas,
y las voces se aproximan
con mas fuerza y claridad,
y hasta parece que vibran
las piedras que sus pies besan,
anunciándole que pronto
la multitud que se acerca
le quitará su tesoro.
¡Pobre gitana asustada!,
que sin fuerzas para andar,
sobre una piedra sentada,
logra guardar con afán
entre sus frágiles brazos
el tesoro que el gentío
quiere apartar de su lado.

La multitud ya se ha ido,
y de nuevo aquella niña
queda muy sola en el campo,
y no tiene las caricias
del trofeo que le han quitado.
¡Pobre gitana asustada!,
que se quedó sin muñeca
porque no pudo pagarla
cuando la cogió en la tienda.
¿Porqué no puede la niña
jugar como las demás?.
Y quedó la gitanilla
sentada en la dura faz
del camino polvoriento,
triste y sola como siempre;
recordando los momentos
que viviera de deleites
con la dulce compañía
de aquella bella muñeca;
escuchando todavía,
de la multitud dispersa,
las blasfemias que lograban
que de sus ojos oscuros
unas lágrimas brotaran,
¿porqué el pueblo es tan injusto?.

Ondeando sus harapos,
cual en los campos castreños
despojos de espantapájaros,
abandonada en el suelo,
notó las leves pisadas
de unos breves pies morenos
que a su lado se acercaban;
notó la dulce caricia
de unos dedos infantiles
que rozaban su mejilla;
notó que cien querubines
a su alrededor cantaban
las notas de una canción;
notó que el niño cantaba
sin usar apenas voz.
Y la pobre gitanilla,
que ya no estaba tan sola,
que no añoraba la dicha
que vivió hacia pocas horas
con el trofeo delicado
que el pueblo injusto negó,
casi riendo y llorando
susurraba esta canción:

    "Me ha dicho mi padre
    que cuando sea grande
    podré ver a Dios,
    que si soy muy bueno
    viviré en su reino
    gozando su amor.
    "Me ha dicho mi padre......"

Después se fueron corriendo,
cual dos amantes que ansían
la soledad del barbecho,
recogiendo margaritas,
cantando, riendo, jugando;
jugando con los juguetes
que no hacia falta comprarlos.
Sus harapos resplandecen
sobre el dorado rastrojo,
y no necesita ya
de aquel juguete valioso;
porque ahora puede jugar
con las flores, con el sol,
con un gitanillo alegre,
de mas preciado valor
que el mas preciado juguete.

VI
La Cuesta de los Mesones
perdió su encanto de ayer,
murieron los caserones
por descuido y por vejez,
pereció el preciado arco
de luz en Feria Real,
de la Cuesta los Mesones
solo el nombre queda ya.
Contemplando las ruinas
de los enormes sanjuanes,
¡imaginé tantas cosas!.
Pude ver al caminante
con su espada siempre en danza
sobre un brioso corcel;
escuché hasta los resbuznos
de los burros en tropel
machacando el empedrado;
contemplando la grandiosa
vejez de aquellas posadas,
¡imaginé tantas cosas!,
¡recordé tantos momentos!.
Perdió su encanto de ayer
la Cuesta de los Mesones
en la que tanto soñé.
Aquellas blancas paredes,
que los años arrugaron,
perecieron para siempre.
Aquel diminuto cuadro,
que apenas dejaba ver
las letras que antes brillaron,
narrando que junto a él
se detuvo el mas preciado
de los grandes escritores
que en España se han formado,
se esconderá en los rincones
de algún pesebrón lejano;
¡de la Cuesta los Mesones
solo el nombre que ya!.
Se levantan ya balcones
en aquel bello lugar,
y pululan descarados
unos gritos malsonantes
que nacen en el Mercado.
Ya nadie podrá soñar,
ni imaginar las historias
que imaginé contemplando
de aquellas casas grandiosas
lo que les dejó el pasado.
De la Cuesta los Mesones
solo el nombre queda ya;
los castreños soñadores
ya no podrán encontrar
en aquella breve cuesta
ningún motivo que excite
la imaginación serena
que en todo castreño existe.

XI - Homenaje a mi maestro

Francisco Sanchez Trincado,
Don Francisco, mi maestro,
rojillo según los viejos
que en voz baja susurraron.

Decian que era educado
porque cuando iba al colegio
saludaba al jornalero
mas humilde de aquel barrio.

Todos fuimos castigados,
y todos somos sinceros
cuando hablamos del maestro
y sus virtudes cantamos.

Canciones nos enseñaba
en Mayo, mes de María,
y ese mes todos los días
se rezaba y se cantaba.

Consiguió llevar a Cabra
a los niños que creía
que su esfuerzo merecían,
los mas pobres no pagaban.

A todos nos obligaba
a pronunciar bien la ce,
dificil que un cordobés
la ce bien la pronunciara.

La enciclopedía que usaba
para enseñarnos los verbos,
penínsulas y catetos,
con que bondad la ampliaba.

Los domingos y las fiestas,
los niños desde el colegio
de la mano y en silencio
se acercaban a la iglesia.

Don Francisco, mi maestro,
lo recuerdo con cariño,
pues me mimó cuando niño,
y me ayuda su recuerdo.

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