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lunes, 3 de mayo de 2010

RONDA ERÓTICA

VIII
Las olas se adueñaban del silencio,
el calor en los cuerpos penetraba,
nos miramos, nos fuimos hacia el agua,
un barco fué testigo del momento.
El ritmo de la mar nos iba uniendo,
lo mismo que dos globos que naufragan,
y subieron los grados de la estancia,
hasta el sol se escondió para no vernos.
Y los trajes de baño se alejaron
navegando sin rumbo por la mar;
al ritmo de las olas nos rozamos,
te besé, nos volvimos a besar,
nuestras piernas se dieron un abrazo,
logramos, sin movernos, navegar.

VII
Conozco los aromas de tu cuerpo,
de tu piel los relieves reconozco,
puedo ver lo que no dicen tus ojos,
de tu voz adivino los silencios.
Si te acercas, sin verte, te presiento,
de tu suspiro acierto cada tono,
intuyo tus momentos de sofoco,
comparto las vivencias de tus sueños.
Se confunde lo irreal con nuestras vidas,
no se aparta lo bueno de lo malo;
sin embargo, mi cuerpo necesita
que jamás te separes de mi lado;
que sigamos soñando cada día,
que no es malo vivir mientras soñamos.

VI
Me despertó el calor de tu presencia,
serian las dos o tres de la mañana,
tu cuerpo con mi cuerpo se acoplaba,
me desveló el aroma de tu esencia,
y la luz que se palpa si estás cerca,
pude escuchar la voz de tu mirada,
fui apartando las telas que estorbaban,
y te apreté con gran delicadeza.
El silencio de la noche no se oía,
la voz de tu mirada se calló,
la llama del momento conseguía
para ti y para mi luz y calor,
faltaban muchas horas para el día,
y la tarde hace tiempo que murió.

V
Solamente una blusa te cubría,
podía adivinar lo que ocultabas,
sin embargo, hoy recuerdo tu mirada
y el sofoco que tu rostro transmitía.
Puedo ver el color de tus mejillas,
la luz de tu mirada sin las gafas,
en cambio tus perfiles se me escapan,
y el momento lo vivo todavía.
Limpiábamos la casa entre los dos,
el hogar que hoy conoce mas secretos,
aquel día ni siquiera había un colchón,
tan solo hacían falta nuestros cuerpos,
el fuego no se apaga si hay amor,
el amor solo necesita fuego.

IV
Sin querer se unieron nuestros cuerpos,
pues jugamos a pillar, y te pillé,
con mis manos tus manos sujeté,
y logré que escucharas mi silencio.
Despues de descansar por un momento,
volvimos a pillarnos otra vez,
y de nuevo tu piel quemó mi piel,
tan solo se escuchaban los jadeos.
Solamente era un juego, sin embargo,
las miradas decían algo más,
los ojos muchas veces han contado
aquello que no es fácil de contar.
Y en el suelo seguimos revolcándonos,
y de nuevo jugamos a pillar.

III
Te inclinaste para besar la flor,
y la falda tus muslos descubría,
tus pechos del escote se salían,
el murmullo del parque enmudeció.
Y seguiste paseando, como yo,
aspirando los suspiros que se oían,
cada vez que una niña apareciá
y para oler una rosa se agachó.
Y los dos estuvimos paseando,
cada uno por un lado del jardín,
tu besando las rosas, yo mirando,
y al final por fin me decidí,
me cogiste con fuerza de la mano,
de la mano con fuerza te cogí.

II
Noté que acariciabas mi cadera,
tus labios en mi cuello se clavaban,
lentamente me puse cara a cara
para notar el fuego de tu esencia.
Y nos fuimos los dos por esas tierras,
que no hay que caminar para cruzarlas,
esos jardines repletos de fragancias,
con los ojos cerrados se navega.
Y noté la humedad de tus secretos,
la tibieza que tu piel me entregaba,
el sonido, que logra siempre el remo
que penetra y que sale de las aguas,
de la fusión que nos llevó hasta el sueño,
mi cadera y tus manos descansaban.

I
Los susurros dejaron de escucharse,
el calor del espacio se adueñaba,
la espuma sabiamente acariciaba
de la piel tus mas íntimos lugares.
Y vivimos momentos agradables,
ninguna de las manos se paraba,
los pezones erectos se retaban
cual dardos esperando que disparen.
Y el agua resbalaba lentamente
mitigando la densidad del fuego,
dos cuerpos acoplados totalmente,
un cuerpo navegando en otro cuerpo,
y el sonido del agua que se muere
cuando suenan los húmedos momentos.