Parece que no haya pasado el tiempo, y son ya casi cincuenta años desde que me alejé de mi pueblo, me refiero a Castro del Rio. Aunque esto ya lo oí antes, a mi me está pasando lo mismo. Cada vez voy recordando con mas detalles las cosas que ocurrieron en mi infancia; sin embargo, lo que ocurrió hace un rato no consigo retenerlo en mi memoria. Mi infancia se acerca demasiado. Consigo recordar algunos detalles, desde un tiempo a esta parte, que durante todos estos años no recordaba.
Recuerdo la cabaña que teniamos junto al rio Guadajoz, justo frente a "La Peona", "Pacurrete", mi compañero de banco en la escuela de Don Francisco, precisamente el primero de la clase, decía que Pacurrete fué uno de mis compañeros de cabaña de aquel tiempo.
Desde la cabaña, donde nos reuniamos algunos días despues de salir de la escuela, se podía ver a las señoras que iban desde "La Peona" a hacer sus necesidades justo debajo de donde teniamos la cabaña, muy cerca del rio. Allí se subian los vestidos, se bajaban las braguitas, y nosotros pendientes, a ver hasta donde podiamos ver.
Tambien recuerdo una hazaña de aquellos tiempos, que nunca supe como se nos ocurrió.
Fué una tarde a las tres. En vez de ir a la escuela, nos fuimos a coger hierro en una finca abandonada. Digo nos fuimos porque éramos dos. Creo recodar quien fué mi compañero de aventura, pero como no estoy seguro, prefiero dejarlo así. Yo tendría unos ocho años, mi amigo imagino que tendría los mismos. En media hora, calculo mas o menos, llegamos a una casilla, aparentemente abandonada, cogimos algunos hierros que habían por allí, sin valorar si podrían ser necesarios para los dueños. Claro todo esto lo recuerdo con bastantes detalles; pero mas como un sueño, y no como algo que viví de verdad. Una vez de vuelta en Castro, fuimos a casa de un chatarrero, que nos compró lo que llevábamos sin preguntarnos nada.
Tambien recuerdo otra aventura con todo detalle, aunque no estoy orgulloso de que ocurriera.
Íbamos Lucas, Cristobal y yo. Teniamos unos trece años. Lucas trabajaba como talabardero. Cristobal trabajaba con su madre en el campo. Y yo habia estado de aprendiz de barbero. Los tres nos considerábamos ya mayores, y los tres con algo de dinerillo en el bolsillo; que aunque no era mucho, lo suficiente para sentirnos importantes.
Despues de hablarlo entre nosotros nos acercamos a un bar que había (creo que ya no existe) entre el kiosco del "parque piojo" y como si quisieras ir hacia el "Rio Viejo", antes de llegar a la casa de "Los Rana". A la izquierda había un bar, y un velador redondo (no se si en la puerta, o nada mas entrar en el bar a la derecha). Lo cierto es que allí nos sentamos los tres y pedimos una botella de moriles. Y nos sirvieron la botella de vino y tres copas. Nos sentiamos los dueños del mundo. No puedo recordar de que podian hablar aquellos tres niños. Y a partir de aquí no recuerdo nada.
Al día siguiente, Lucas y Cristobal no se que hicieron, yo estaba en casa, en la cama. Me explicaron que habia devuelto, y que un familiar me habia llevado a casa. Ahora, pasados tantos años, me avergüenzo de esta aventura; pero seguramente que este tropezón tan tempranero me ha servido durante todos estos años de guía; pues el mejor consejo que cualquiera puede recibir nunca podrá superar las vivencias.propias.
miércoles, 23 de marzo de 2011
CAVILACIONES EN VOZ ALTA
**********
DUDAS DUDOSAS:
Seguro que he hecho a lo largo de mi vida muchas cosas mal. Seguramente me equivoqué muchas veces; pero tengo una voz interior que me recuerda últimamente que me ocupé mas de trabajar para que en casa no faltara pan y aceite, dedicar mucho tiempo al trabajo y así conseguir un sueldo suficiente para cubrir las necesidades de mi familia. Seguro que me equivoqué. Dejé todo el control educativo, en toda su amplia definición, a mi esposa, la madre de mis dos hijos.
Ahora, que han pasado muchos años, puedo repasar la historia sin grandes emociones, aunque debo gritar que me emociono y reconozco que no fue tan mal mi falta de atención a la educación de mis hijos y al control de la economía en casa. No nos ha ido mal.
Me hubiese gustado que mis hijos hubieran ido a la universidad, como todos mis sobrinos, hijos de mis hermanos. Mis sobrinos por parte de mi esposa, es decir hijos de sus hermanos, fueron al colegio lo justo que era obligado por las autoridades del momento. Así las cosas, entiendo que mi esposa, ya que yo me dediqué a ganar dinero con mucho esfuerzo y trabajo para que en casa no faltara nada, tal vez influenciada por la educación recibida y por su dedicación total al cuidado de sus padres, hermanos y sobrinos, con lo que estoy totalmente de acuerdo. El resultado es que mis hijos no fueron a la universidad, reconozco mi culpa. También reconozco que mi esposa ha conseguido crear dos personas con grandes valores que no se aprenden en la escuela.
Esta es una de mis dudas, creo que me equivoqué dejando a mi esposa toda la responsabilidad de educar a nuestros dos hijos, hija e hijo. Aunque no fueron a la universidad, creo que en lo demás todo ha funcionado bastante bien. Por eso mis dudas aparecen, tal vez si yo hubiese intervenido mas en su educación sería diferente. Tal vez mi falta de dedicación a la educación de mis hijos no fue un error, quizás fue un acierto.
Otra duda que tengo es si hice bien en dejar todo el control económico de la familia en manos de mi esposa. Ella dejó de trabajar muy pronto, cuando nació nuestro hijo, que fue el segundo. Yo me cuidaba de trabajar mucho para ganar un buen sueldo. Ella se cuidaba de todo lo demás, también de controlar el dinero que cada mes nos ingresaban.
Parece difícil de creer que nunca me ocupara de mirar la cartilla de La Caixa, pues así era. En mi trabajo era habitual cobrar gran parta del sueldo en negro y por lo tanto en metálico, la tercera parte más o menos. Así las cosas era bastante lógico que la cartilla del dinero la manejara mi esposa Lourdes, ya que yo siempre controlaba el dinero negro que medio a escondidas me daban los dueños de la empresa. Me refiero a los dueños, pues era una pequeña empresa familiar, fundada por cuatro hermanos y que luego los hijos fueron haciéndola grande, llegó a ser muy grande. Yo crecí en aquella empresa, pues empecé como aspirante administrativo con 16 años, allí me jubilé y conocí a Lourdes, mi esposa. Yo me consideraba uno más de la familia que controlaba aquella empresa, ellos a mí no.
El dinero no era un problema en el día a día. Nunca tuvimos dinero ahorrado, pero debo decir que llegábamos a final de mes. Tal vez ganaba lo suficiente para ahorrar algo, algunos compañeros lo conseguían; pero a mí no me preocupaba.
Han pasado los años, muchos años. Ahora, cerca de los ochenta, me vienen recuerdos y dudas. Seguro que cometí muchos errores y que pude hacer las cosas mejor. No me arrepiento de nada. También reconozco que tampoco serviría de nada.
*****
Ayer aparecieron luchadores
que fueron arrojados al arcén,
Pedro Sánchez aguanta ahí de pie,
no pudieron ni Iglesias ni Garzones.
Hay muy pocos periódicos que informen,
los bulos nos acosan por doquier,
las verdades se logran esconder,
hablan bien de la iglesia y los borbones.
La verdad es difusa muchas veces,
unos cuentan una cosa y otros otra,
no pretendo juzgar a muchos jueces,
alguno no merece llevar toga.
Esos muchos que hoy mismo la merecen
conocen que el arcén está de moda.
*****
A QUIEN CORRESPONDAEl mas ciego es aquel que no quiere ver.
A veces, imagino que eso le ha pasado a muchos ciudadanos, uno piensa que las grúas están para robar a los pobres. Me explico, en la acera de enfrente, una acera ancha donde un coche parado unos minutos no estorba a nadie, ahí está la grúa acechando, y puedo asegurar que en dos minutos el coche ha desaparecido. Si lo quieres recuperar has de pagar la multa y la grúa. Hablo de un barrio de pobres. No se si en los barrios ricos ocurre igual, lo que si se es que no tienen problemas de dinero para pagar la multa, ni de tiempo, ni de personal para acudir a recoger el vehículo. En la esquina de abajo hay un bar, al lado hay un vado del Ayuntamiento para un parking. El vado es bastante amplio, es decir que con un coche aparcado en él se puede salir o entrar, aunque con algunas maniobras. Bueno, se que han llamado repetidas veces a la urbana para que retiren el coche mal aparcado, ya que está en el vado y que dificulta la salida y entrada de vehículos al parking. En diez años que hace que funciona este vado y este bar, ah se me olvidaba los coches suelen ser de clientes que están tomando algo; pues eso, en diez años que voy viendo como llaman para que retiren coches de este vado, jamás se han llevado un coche; sin embargo las grúas pasan por esta zona cada cinco minutos, y claro se llevan los coches (si, mal aparcados) que no estorban a nadie. Y si, las grúas roban a los mas pobres.
A veces, uno, que se considera la persona menos informada del pueblo, piensa que las autoridades que nos han tocado no merecen los puestos que ocupan. Todos hemos visto reportajes en la tele de ladronzuelos en el centro de Barcelona. Y siguen allí, un año tras otro, y los gobernantes no hacen leyes para controlar esta situación, y las autoridades cierran los ojos cuando ven algo irregular. Y todo el mundo sabe los puntos de venta de droga, menos las autoridades, que no se enteran de nada. Y todo el mundo sabe que la ley dice que los perros han de ir atados, y nadie, nadie, lleva a su perro con correa, eso si, la correa casi siempre la lleva en la mano por si acaso. Y supongo que las autoridades saben que la ley dice que los perros han de ir atados. No lo entiendo, nadie lo ve.
*****************************
CARTA A LOS HONORABLES
----------------------------------------
Hace mas de 30 años que estáis gobernando el futuro de Cataluña, y este futuro cada día ha ido empeorando un poco, y vosotros, honorables (no se a quién se le ocurrió este título), sois los responsables de lo bueno y de lo malo. Desde que llegó la democracia, es decir vosotros, todo ha ido empeorando. Todos los hospitales fueron construidos por Franco, si me equivoco me lo decís, Los postes de la luz que inundan nuestros campos son de la misma época. Lo mismo ocurre con los embalses. No conozco nada importante que se haya hecho en estos años de democracia para favorecer a este pueblo, del que formo parte.
Don Jorge, no se si sabes que si hubieses empleado bien el dinero de todos los catalanes (no quiero ser grosero), las esperas sanitarias se reducirían mucho, y por consiguiente se evitarían muchas muertes, no digo que tengas la culpa de todas; pero muchos pensamos que un grano hace granero.
Don Jorge, se que no eres el único culpable, que tu solo no has podido hacer tanto daño; lo que si se es que ahora están apareciendo todos los delitos de tu reinado, todo lo malo que has hecho y todo lo que has consentido a tus allegados, y la justicia, todo el mundo lo sabe, no hará nada, y si hace algo, nunca hará lo suficiente; porque demostrado está que la justicia no es igual para todos.
Don José, se muy poco de ti, y eso no es un piropo, pues durante tu reinado no se hizo nada por sanear las leyes devastadoras de tu antecesor. Tus aliados y tu erais los salvadores del pueblo y no hicisteis nada, esperábamos algo, un poco; pero no hiciste nada.
Don Arturo, has sido un discípulo aventajado de Don Jorge, se que muy pronto sabremos mas cosas de ti; porque todos sabemos que los cajones están llenos de información negativa, que saldrá a la luz cuando el director de la orden, me refiero al que controla a los políticos, me refiero al todo poderoso DON DINERO. Ya se están oyendo algunos avisos; pero no temas Don Arturo que la justicia es lenta y estás teniendo mucho tiempo para destruir pruebas.
Don Carlos, todos sabemos que has sido colocado a dedo; aunque ya han aparecido toques incorrectos, también sabemos que no eres responsable del ambiente conseguido; pero si sigues echando gasolina al fuego, en vez de echar agua, seguro que te quemarás, y todos somos humanos y no somos perfectos.
Os pido honradez a todos, que devolváis al pueblo lo que es del pueblo, no quiero que vayáis a la cárcel, no quiero que paséis hambre, solo quiero, y no es poco, que bajéis a convivir con el pueblo y que sea el pueblo el que os permita sobrevivir. Y a Don Carlos le exijo que facilite esta petición.
Antonio Aranda
viernes, 18 de marzo de 2011
EL DIA QUE DESCUBRI EL PARAISO
Era sábado, las diez de la mañana mas o menos, parados en la nacional II entre Mataró y Malgrat de Mar. Íbamos a visitar a mi hermano José Luis que se había comprado una parcela en el Caravaning Touring Club Sant Genís. Nosotros no teníamos intenciones de comprar nada, pero queríamos verlo. Nunca habíamos hecho camping. Después de cuatro horas de caravana, y unos tres kilómetros de un camino rural interminable, llegamos a nuestro destino. El enfado era lógico, los niños de dos y cuatro años estaban hartos de coche. Habíamos llegado por fin a un lugar que no nos apetecía nada volver. Lo estuvimos visitando durante algunas horas, y la verdad es que nos encantó. Tanto nos encantó, que ese mismo día dimos una señal para que nos guardaran una parcela.
Hacía un día precioso, los que ya estaban allí, se notaba que no llevaban mucho tiempo, pues los setos que limitan las parcelas se veían recién plantados, decía que los que ya estaban allí iban casi todos en traje de baño, tomando el sol. Otros estaban preparando el fuego para asar alguna cosa en la barbacoa. Otros plantando algún rosal en el jardín particular que tenía cada familia. Otros aseando la caravana, entonces ya habían muchos módulos. Recorrimos varias calles, entonces apenas habían ciento cincuenta parcelas construidas. (Con el tiempo se constituyó el club, después de algunas reuniones y se formó la asociación con 512 parcelas, es decir 512 socios). Y quedamos fascinados. Aquello era el paraíso. Y desde aquel día, creo que era Marzo de mil novecientos ochenta y tres, no hemos fallado jamás. Cada fin de semana, llueva o haga sol o truene, nosotros no tenemos dudas, hacia el Caravaning. Un lugar donde apenas se ve la tele, donde todo el mundo se saluda si vas paseando. Un lugar donde el canto de los pajarillos te despierta por la mañana, donde el ruido de los coches apenas se siente.
Aquel día de Marzo, tomamos una de las decisiones mas acertadas de nuestra vida. Ahora que ya han pasado mas de veinticinco años, seguimos subiendo cada semana, con la misma ilusión. Y mis hijos, que se han criado en este lugar privilegiado, también tienen cada uno su parcela, donde están criando a sus hijos.
Hacía un día precioso, los que ya estaban allí, se notaba que no llevaban mucho tiempo, pues los setos que limitan las parcelas se veían recién plantados, decía que los que ya estaban allí iban casi todos en traje de baño, tomando el sol. Otros estaban preparando el fuego para asar alguna cosa en la barbacoa. Otros plantando algún rosal en el jardín particular que tenía cada familia. Otros aseando la caravana, entonces ya habían muchos módulos. Recorrimos varias calles, entonces apenas habían ciento cincuenta parcelas construidas. (Con el tiempo se constituyó el club, después de algunas reuniones y se formó la asociación con 512 parcelas, es decir 512 socios). Y quedamos fascinados. Aquello era el paraíso. Y desde aquel día, creo que era Marzo de mil novecientos ochenta y tres, no hemos fallado jamás. Cada fin de semana, llueva o haga sol o truene, nosotros no tenemos dudas, hacia el Caravaning. Un lugar donde apenas se ve la tele, donde todo el mundo se saluda si vas paseando. Un lugar donde el canto de los pajarillos te despierta por la mañana, donde el ruido de los coches apenas se siente.
Aquel día de Marzo, tomamos una de las decisiones mas acertadas de nuestra vida. Ahora que ya han pasado mas de veinticinco años, seguimos subiendo cada semana, con la misma ilusión. Y mis hijos, que se han criado en este lugar privilegiado, también tienen cada uno su parcela, donde están criando a sus hijos.
Antonio Aranda - castreño
martes, 15 de marzo de 2011
NO ME ARREPIENTO DE LA MILI
Aunque ya han pasado algunos años, se me alegra el semblante cuando recuerdo aquellos meses. Eran los últimos años de Franco. Se hacia por sorteo para saber el destino que te correspondía. En aquel tiempo pensé que no había tenido suerte. De la península íbamos unos cuantos a Hoya Fría en Tenerife, muy cerca de Santa Cruz. Y ahora pasados los años me alegro de aquella experiencia tan lejos de la familia.
Los que salíamos de Barcelona, lo hicimos todos juntos en un tren perezoso que fue recogiendo a mas reclutas por el camino, hasta llegar a Cádiz. No se el tiempo que tardamos en hacer este recorrido; pero tal vez serían mas de dos días. En Cádiz pasamos la noche en unos enormes barracones que ya tenían amueblados con literas. Por la mañana todos formados en el puerto durante varias horas. Pasaron lista, mientras unos cuantos niños nos iban vendiendo tragos de agua en porrones. Y al barco, no recuerdo su nombre, solo recuerdo muy bien las dos enormes bodegas que nos sirvieron de dormitorio durante los varios días que duró la travesía hasta Santa Cruz de Tenerife. Y después a Hoya Fría, de nuevo todos formados en una explanada rodeada de barracones, y notando como si el suelo se moviera. Esa sensación duró todavía algunas horas.
Ya estaba en la mili. Me mandaron a la compañía once. Un barracón lleno de literas con tres de altura. En este campamento habían catorce compañías, una de ellas en vez de barracones eran tiendas de lona. El primer día nos dieron la ropa, nos pelaron, y nos dieron algún discurso explicándonos mas o menos de que iba aquello.
Por las mañanas gimnasia, luego el desayuno, a continuación un poco de instrucción, marcar el paso, manejar el CETME, cantar canciones. A continuación a comer, eso si formados, cada compañía iba entrando en el comedor, y cuando terminaba de entrar una, lo hacía la siguiente. Y así hasta que todo el campamento estaba colocado en sus mesas. Cuando el jefe de día daba la orden nos sentábamos todos, nos repartían el rancho, y a partir de ahí a comer. Para mi la comida era aceptable. Después, unos se quedaban a limpiar la cocina y alrededores, otros se iban a recoger colillas del patio, otros a la cantina. Y así hasta la hora en que dejaban salir a paseo. Eso si, después de que en la puerta se nos revisara de arriba a abajo, el traje mas o menos limpio, sobre todo las botas brillantes y el pelo del cuello bien arreglado. Así todos los días.
Recuerdo que un día estaba de tertulia con unos amiguetes de Alicante, uno de ellos había comprado una botella de ginebra. Me ofrecieron un trago, tomé un par de tragos, perdí el conocimiento. Me llevaron, según me contaron mas tarde, al botiquín, donde me estuvieron "cuidando". Al día siguiente me fueron a buscar a la compañía para llevarme arrestado. Me impusieron quince días de arresto. Consistía en dormir en un barracón apartado, especial para los castigados. Y trabajos algo mas duros que los demás reclutas. A mi me tocó, junto con otros compañeros, hacer un muro con piedras. La primera piedra que cogí se me cayó de las manos; con tan mala suerte, o tal vez buena, que me se me clavó una astilla en la uña del dedo pulgar. Me llevaron al botiquín, me limpiaron la herida y me dieron la baja. O sea que me pasé los quince días tumbado en la litera, en el barracón de los castigados, de donde solo salía para ir al comedor, como estaba de baja, no tenía obligaciones de limpieza. Durante estas dos semanas de relax leí "Así habló Zaratustra", que me dejó un compañero. También escribí algunos poemas que tuve ocasión de leer delante de mi compañía, para intentar describir mis días de arresto, Fue un sargento de complemento el que me animó, reconozco que costó decidirme, a leer algún poema de estos días.
Pasaron los tres meses de campamento. Sorteo para ver que cuartel nos tocaba. Unos se quedaron en el CIR, otros se fueron repartiendo por las islas, y algunos otros fuimos a Fuerteventura. En ese momento pensé que sería un castigo por los errores cometidos. Luego supe que no. Fui a parar directamente a la Plana Mayor Administrativa, la compañía a donde iban destinados todos los enchufados. Estábamos libres de todos los servicios. Por las mañanas cada uno a su destino. A mi me enchufó un veterano valenciano, me llevó al pequeño despacho de auxiliaría y un brigada me estuvo examinando. El examen era muy simple, me dejó una máquina de escribir y un folio. Escribí una carta breve dirigida al Brigada en la que le pedía que me admitiera en la oficina, pues a su lado podría aprovechar el tiempo. Total que me quedé allí. Por las mañanas íbamos a trabajar y por las tardes, que no había ningún jefe, nos juntábamos para pasar el rato hasta la hora que dejaban salir a paseo.
La típica novatada también la sufrí. A las pocas horas de llegar se nos acercó un veterano a dos novatos y nos dijo que teníamos que ir al botiquín a recoger una pieza, y la teníamos que llevar a la imprenta. La pieza estaba en la puerta del botiquín, parecía una reja de arado vieja, que tal vez habían preparado para la novatada. Los dos novatos nos miramos, creo que adivinamos lo que estaba ocurriendo, cogimos el hierro y atravesando todo el patio de armas, notando las miradas de los veteranos por las esquinas y hasta oyendo sus risas, fuimos hasta la imprenta. Allí nos dijeron que lo dejáramos en la puerta. Aquí terminó la broma.
Como en nuestra compañía estábamos todos los enchufados, también estaba el encargado de la cantina. Los últimos meses, este encargado se iba a dormir a la cantina, y nosotros, algunos amiguetes, cuando tocaban silencio, nos íbamos con él, a puerta cerrada, a pasar algunos ratos. Teníamos comida y bebida gratis, no de todo lo que queríamos, pero bueno, no podíamos quejarnos. También solíamos salir por las tardes, porque por las tardes las oficinas estaban cerradas, a darnos un baño. Nos íbamos por una puerta trasera, sin pasar el control de revista y de hora.
En total fueron catorce meses fuera de casa. Como no utilicé los días de permiso, me licencié un poco antes. Fueron meses agradables. Donde hice algunos amigos, sobre todo dos Pepe y Felipe. Pepe de Jerez y Felipe de Madrid. Siempre íbamos juntos a todas partes. Hace ya muchos años que no se nada de ellos.
El único problema que teníamos, al menos el mas grave, era la escasez de agua potable. Pero bueno, en nuestra compañía no teníamos problemas. Ahora que ha pasado el tiempo, cuando nos reunimos algunos hombres, con frecuencia contamos anécdotas de la mili, y normalmente son recuerdos agradables, que los jóvenes de ahora nunca vivirán.
Los que salíamos de Barcelona, lo hicimos todos juntos en un tren perezoso que fue recogiendo a mas reclutas por el camino, hasta llegar a Cádiz. No se el tiempo que tardamos en hacer este recorrido; pero tal vez serían mas de dos días. En Cádiz pasamos la noche en unos enormes barracones que ya tenían amueblados con literas. Por la mañana todos formados en el puerto durante varias horas. Pasaron lista, mientras unos cuantos niños nos iban vendiendo tragos de agua en porrones. Y al barco, no recuerdo su nombre, solo recuerdo muy bien las dos enormes bodegas que nos sirvieron de dormitorio durante los varios días que duró la travesía hasta Santa Cruz de Tenerife. Y después a Hoya Fría, de nuevo todos formados en una explanada rodeada de barracones, y notando como si el suelo se moviera. Esa sensación duró todavía algunas horas.
Ya estaba en la mili. Me mandaron a la compañía once. Un barracón lleno de literas con tres de altura. En este campamento habían catorce compañías, una de ellas en vez de barracones eran tiendas de lona. El primer día nos dieron la ropa, nos pelaron, y nos dieron algún discurso explicándonos mas o menos de que iba aquello.
Por las mañanas gimnasia, luego el desayuno, a continuación un poco de instrucción, marcar el paso, manejar el CETME, cantar canciones. A continuación a comer, eso si formados, cada compañía iba entrando en el comedor, y cuando terminaba de entrar una, lo hacía la siguiente. Y así hasta que todo el campamento estaba colocado en sus mesas. Cuando el jefe de día daba la orden nos sentábamos todos, nos repartían el rancho, y a partir de ahí a comer. Para mi la comida era aceptable. Después, unos se quedaban a limpiar la cocina y alrededores, otros se iban a recoger colillas del patio, otros a la cantina. Y así hasta la hora en que dejaban salir a paseo. Eso si, después de que en la puerta se nos revisara de arriba a abajo, el traje mas o menos limpio, sobre todo las botas brillantes y el pelo del cuello bien arreglado. Así todos los días.
Recuerdo que un día estaba de tertulia con unos amiguetes de Alicante, uno de ellos había comprado una botella de ginebra. Me ofrecieron un trago, tomé un par de tragos, perdí el conocimiento. Me llevaron, según me contaron mas tarde, al botiquín, donde me estuvieron "cuidando". Al día siguiente me fueron a buscar a la compañía para llevarme arrestado. Me impusieron quince días de arresto. Consistía en dormir en un barracón apartado, especial para los castigados. Y trabajos algo mas duros que los demás reclutas. A mi me tocó, junto con otros compañeros, hacer un muro con piedras. La primera piedra que cogí se me cayó de las manos; con tan mala suerte, o tal vez buena, que me se me clavó una astilla en la uña del dedo pulgar. Me llevaron al botiquín, me limpiaron la herida y me dieron la baja. O sea que me pasé los quince días tumbado en la litera, en el barracón de los castigados, de donde solo salía para ir al comedor, como estaba de baja, no tenía obligaciones de limpieza. Durante estas dos semanas de relax leí "Así habló Zaratustra", que me dejó un compañero. También escribí algunos poemas que tuve ocasión de leer delante de mi compañía, para intentar describir mis días de arresto, Fue un sargento de complemento el que me animó, reconozco que costó decidirme, a leer algún poema de estos días.
Pasaron los tres meses de campamento. Sorteo para ver que cuartel nos tocaba. Unos se quedaron en el CIR, otros se fueron repartiendo por las islas, y algunos otros fuimos a Fuerteventura. En ese momento pensé que sería un castigo por los errores cometidos. Luego supe que no. Fui a parar directamente a la Plana Mayor Administrativa, la compañía a donde iban destinados todos los enchufados. Estábamos libres de todos los servicios. Por las mañanas cada uno a su destino. A mi me enchufó un veterano valenciano, me llevó al pequeño despacho de auxiliaría y un brigada me estuvo examinando. El examen era muy simple, me dejó una máquina de escribir y un folio. Escribí una carta breve dirigida al Brigada en la que le pedía que me admitiera en la oficina, pues a su lado podría aprovechar el tiempo. Total que me quedé allí. Por las mañanas íbamos a trabajar y por las tardes, que no había ningún jefe, nos juntábamos para pasar el rato hasta la hora que dejaban salir a paseo.
La típica novatada también la sufrí. A las pocas horas de llegar se nos acercó un veterano a dos novatos y nos dijo que teníamos que ir al botiquín a recoger una pieza, y la teníamos que llevar a la imprenta. La pieza estaba en la puerta del botiquín, parecía una reja de arado vieja, que tal vez habían preparado para la novatada. Los dos novatos nos miramos, creo que adivinamos lo que estaba ocurriendo, cogimos el hierro y atravesando todo el patio de armas, notando las miradas de los veteranos por las esquinas y hasta oyendo sus risas, fuimos hasta la imprenta. Allí nos dijeron que lo dejáramos en la puerta. Aquí terminó la broma.
Como en nuestra compañía estábamos todos los enchufados, también estaba el encargado de la cantina. Los últimos meses, este encargado se iba a dormir a la cantina, y nosotros, algunos amiguetes, cuando tocaban silencio, nos íbamos con él, a puerta cerrada, a pasar algunos ratos. Teníamos comida y bebida gratis, no de todo lo que queríamos, pero bueno, no podíamos quejarnos. También solíamos salir por las tardes, porque por las tardes las oficinas estaban cerradas, a darnos un baño. Nos íbamos por una puerta trasera, sin pasar el control de revista y de hora.
En total fueron catorce meses fuera de casa. Como no utilicé los días de permiso, me licencié un poco antes. Fueron meses agradables. Donde hice algunos amigos, sobre todo dos Pepe y Felipe. Pepe de Jerez y Felipe de Madrid. Siempre íbamos juntos a todas partes. Hace ya muchos años que no se nada de ellos.
El único problema que teníamos, al menos el mas grave, era la escasez de agua potable. Pero bueno, en nuestra compañía no teníamos problemas. Ahora que ha pasado el tiempo, cuando nos reunimos algunos hombres, con frecuencia contamos anécdotas de la mili, y normalmente son recuerdos agradables, que los jóvenes de ahora nunca vivirán.
Antonio Aranda - castreño
miércoles, 9 de marzo de 2011
HE SABIDO QUE SOY EMIGRANTE
"Aquí, sentado a la sombra de un olivo, cuando ya han pasado cuarenta y siete años desde mi salida de Castro, empiezo a escribir esta historia, que son mis vivencias, tal vez las vidas de otros castreños que también tuvieron que abandonar este pueblo.
"Setiembre de mil novecientos sesenta y tres, el tren "sevillano" me lleva hasta Barcelona. Tengo dieciséis años. Voy solo, con mis pensamientos, mis recuerdos. Y mis pensamientos y mis recuerdos me absorben. Y me despierta una voz dulce en francés, que había estudiado, aunque por supuesto no había aprendido. Después supe que no era francés, que era catalán. Nunca había oído a nadie decir que en Barcelona hubiese un idioma diferente. Tampoco le di mucha importancia".
Ahora, pasados tantos años, aun recuerdo el tono de aquella mujer, y sobre todo, sobre todo, el olor del tren. Y nuestro primer piso en Badalona.
"No consigo ver los detalles de esos días. Ni quien me recibió, ni como llegué desde la Estación de Francia a nuestro hogar en tierras catalanas. Ahora, el piso lo recuerdo perfectamente. Era el primero, mi padre siempre, a lo largo de los años nos fue enseñando que era el mejor. Ni la planta baja ni tampoco mas arriba del primero.
Nada mas abrir la puerta del rellano, el comedor. Una pequeña estancia de tres por tres metros. De este salón salía un breve pasillo donde estaban, a la izquierda, las puertas del aseo y de la cocina; el aseo con ducha y agua corriente, y caliente. A la derecha dos puertas que daban a dos habitaciones. Una la de matrimonio, que era la de mis padres. La otra habitación con dos camas enormes, para nosotros, los cuatro hermanos, y mis primas, que habían venido a Barcelona a buscar trabajo".
Aquí, acomodado, apartado del mundo laboral, aunque palpando los problemas, no consigo recordar los detalles de aquellos años de convivencia. El lujo de ahora no permite revivir aquellas situaciones.
"A los pocos días de estar en Barcelona, a buscar trabajo. Mi tía Dolores, la de mi tío "Juan Maldaje", me acompañó a las oficinas del Gobernador de Barcelona, que al parecer, según recuerdo, era de Castro del Rio. Nos recibió su secretario, por cierto algo tartaja, como yo en aquellos años, y nos preguntó en que empresa de Barcelona quería trabajar. !Que pregunta¡, no supimos responder. Y nos fuimos igual que habíamos llegado. Y ahora se que no quisieron hacer nada. Y ahora agradezco que no hicieran nada.En aquellos años habían muchos carteles por las calles de Santa Coloma y Badalona pidiendo mano de obra. Y yo, con dieciséis años, fui llamando a muchas puertas, y me decían que volviera otro día. Entonces apareció José Jurado, cuya mujer y su familia habían sido vecinos de mi padre en Castro, en la calle Estrella. Y sin darle gran importancia, como actúa la buena gente, me acompañó a la empresa que él trabajaba, y me recomendó, y no me conocía de nada, solamente éramos paisanos, y nunca se lo agradecí".
"Ya estaba en Barcelona, trabajando de administrativo, con camisa blanca y corbata. A los dos meses me dieron de alta. Ya era fijo. El horario laboral era de nueve a una y de tres a siete. Todos mis compañeros entraban a las siete. Quiere decir que de siete a nueve eran dos horas extras. Igual que los demás empecé entrando a las siete; pero solo durante unos días, enseguida empecé a entrar a las nueve. Es que no teníamos hora fija de acabar la jornada laboral. Y algunos días salíamos a las diez de la noche".
"Mi trabajo de administrativo consistía en hacer albaranes. Era una agencia de transportes de mercancía con camiones por carretera. Nosotros hacíamos los albaranes que tenían que acompañar a la mercancía y que servirían para luego entregarla a los destinatarios. Fue mi primer trabajo. Y también mi único trabajo".
Ahora, observando el campanario de la Iglesia de la Villa, parece que no haya pasado el tiempo. Cierro los ojos y me veo los domingos en misa de diez. Y después en las eras del Calvario, jugando a la pelota.
"Franco seguía como caudillo de España. Mis padres decidieron meterse en un piso en propiedad. En aquellos tiempos, en la agencia de transporte donde yo trabajaba, era normal que otros compañeros, la mayoría en edad de casarse, pidieran al dueño un préstamo. Que se hacia como si fuera un adelanto. Y luego se iba pagando un tanto al mes sin ningún tipo de interés. No tenía nada que perder. Comenté en casa lo que ocurría en el trabajo, me dijeron que lo intentara, y allí estaba yo, con dieciséis años, delante del dueño, pidiendo que me dejara veinticinco mil pesetas, que era la entrada que pedían para conseguir el piso. El resto se pagaría en letras repartidas en varios años. No me puso peros, me dijo que el cajero me daría el dinero, que me haría firmar un recibo, y me descontaría cada mes un importe razonable, pero que yo decidiera la cantidad que mas o menos podría pagar. Sin darme cuenta me estaba metiendo en lo que luego sería la ruina del siglo XXI".
"Vino la mili, en Tenerife el campamento, en Puerto del Rosario el cuartel. Aunque se que no es políticamente correcto, fueron unos meses muy agradables, de los que no me arrepiento. En la agencia me dieron de baja. Yo no sabía como iba eso; pero a los dos días de volver del ejército fui al trabajo, y al día siguiente a trabajar. A seguir haciendo albaranes. Y nadie hablaba de política. Y nadie se quejaba de trabajar mucho. Y los estudiantes, eran los únicos que de vez en cuando alteraban un poco el orden. Algunos días entraba un grupo de jóvenes corriendo y se escondían entre los paquetes. Los grises no solían entrar. Y al rato de nuevo salían los estudiantes, y otra vez se escuchaban sus reivindicaciones. Y a lo lejos se perdían sus gritos. Y nosotros seguíamos haciendo albaranes, y fumando un cigarro detrás de otro, cuando fumar estaba bien visto".
"A los pocos años murió Franco. Lo había dejado todo bien atado, aunque se le fueron complicando las cosas y tuvo el nuevo gobierno que ir cediendo a la presión de algunos políticos. Aunque aquellos políticos cedieron mucho mas de lo que explicaban. En el mil novecientos ochenta y dos ganaron las elecciones los socialistas. Poco antes se había abortado un golpe de estado. Ya la democracia empezaba a caminar".
"En Catalunya se impuso el idioma catalán en las aulas a una gran velocidad. Y en poco tiempo empezaron a aparecer grupos que querían la independencia. Y empezaron a ocultarse las banderas de España. Y se veía como un bicho raro al que además de catalán se consideraba español. Y los grupos de independentistas se reunieron en partidos políticos, sabían que esa idea sería votada por muchos. Y llegaron a colocarse en el gobierno de Catalunya. Y consiguieron que toda la correspondencia oficial llegara en catalán a todos los ciudadanos. Y se obvió la Constitución Española, y se desobedeció con frecuencia la ley que en educación debiera amparar a todos los españoles".
"Desde el año mil novecientos sesenta y tres hasta ahora han pasado algunos años; pero han cambiado demasiado muchas cosas. En el sesenta y tres la gente no emigraba cuando se iba a trabajar a Barcelona. Emigraban los que se iban a Alemania, o a Francia. Entonces todos éramos españoles y todos teníamos el mismo idioma". Es lo que pensaba.
Hoy, aquí sentado, a la sombra de un olivo, desde donde veo recortarse el campanario de la Iglesia de la Villa, me siento un extranjero en mi pueblo. en Castro del Rio.
"Setiembre de mil novecientos sesenta y tres, el tren "sevillano" me lleva hasta Barcelona. Tengo dieciséis años. Voy solo, con mis pensamientos, mis recuerdos. Y mis pensamientos y mis recuerdos me absorben. Y me despierta una voz dulce en francés, que había estudiado, aunque por supuesto no había aprendido. Después supe que no era francés, que era catalán. Nunca había oído a nadie decir que en Barcelona hubiese un idioma diferente. Tampoco le di mucha importancia".
Ahora, pasados tantos años, aun recuerdo el tono de aquella mujer, y sobre todo, sobre todo, el olor del tren. Y nuestro primer piso en Badalona.
"No consigo ver los detalles de esos días. Ni quien me recibió, ni como llegué desde la Estación de Francia a nuestro hogar en tierras catalanas. Ahora, el piso lo recuerdo perfectamente. Era el primero, mi padre siempre, a lo largo de los años nos fue enseñando que era el mejor. Ni la planta baja ni tampoco mas arriba del primero.
Nada mas abrir la puerta del rellano, el comedor. Una pequeña estancia de tres por tres metros. De este salón salía un breve pasillo donde estaban, a la izquierda, las puertas del aseo y de la cocina; el aseo con ducha y agua corriente, y caliente. A la derecha dos puertas que daban a dos habitaciones. Una la de matrimonio, que era la de mis padres. La otra habitación con dos camas enormes, para nosotros, los cuatro hermanos, y mis primas, que habían venido a Barcelona a buscar trabajo".
Aquí, acomodado, apartado del mundo laboral, aunque palpando los problemas, no consigo recordar los detalles de aquellos años de convivencia. El lujo de ahora no permite revivir aquellas situaciones.
"A los pocos días de estar en Barcelona, a buscar trabajo. Mi tía Dolores, la de mi tío "Juan Maldaje", me acompañó a las oficinas del Gobernador de Barcelona, que al parecer, según recuerdo, era de Castro del Rio. Nos recibió su secretario, por cierto algo tartaja, como yo en aquellos años, y nos preguntó en que empresa de Barcelona quería trabajar. !Que pregunta¡, no supimos responder. Y nos fuimos igual que habíamos llegado. Y ahora se que no quisieron hacer nada. Y ahora agradezco que no hicieran nada.En aquellos años habían muchos carteles por las calles de Santa Coloma y Badalona pidiendo mano de obra. Y yo, con dieciséis años, fui llamando a muchas puertas, y me decían que volviera otro día. Entonces apareció José Jurado, cuya mujer y su familia habían sido vecinos de mi padre en Castro, en la calle Estrella. Y sin darle gran importancia, como actúa la buena gente, me acompañó a la empresa que él trabajaba, y me recomendó, y no me conocía de nada, solamente éramos paisanos, y nunca se lo agradecí".
"Ya estaba en Barcelona, trabajando de administrativo, con camisa blanca y corbata. A los dos meses me dieron de alta. Ya era fijo. El horario laboral era de nueve a una y de tres a siete. Todos mis compañeros entraban a las siete. Quiere decir que de siete a nueve eran dos horas extras. Igual que los demás empecé entrando a las siete; pero solo durante unos días, enseguida empecé a entrar a las nueve. Es que no teníamos hora fija de acabar la jornada laboral. Y algunos días salíamos a las diez de la noche".
"Mi trabajo de administrativo consistía en hacer albaranes. Era una agencia de transportes de mercancía con camiones por carretera. Nosotros hacíamos los albaranes que tenían que acompañar a la mercancía y que servirían para luego entregarla a los destinatarios. Fue mi primer trabajo. Y también mi único trabajo".
Ahora, observando el campanario de la Iglesia de la Villa, parece que no haya pasado el tiempo. Cierro los ojos y me veo los domingos en misa de diez. Y después en las eras del Calvario, jugando a la pelota.
"Franco seguía como caudillo de España. Mis padres decidieron meterse en un piso en propiedad. En aquellos tiempos, en la agencia de transporte donde yo trabajaba, era normal que otros compañeros, la mayoría en edad de casarse, pidieran al dueño un préstamo. Que se hacia como si fuera un adelanto. Y luego se iba pagando un tanto al mes sin ningún tipo de interés. No tenía nada que perder. Comenté en casa lo que ocurría en el trabajo, me dijeron que lo intentara, y allí estaba yo, con dieciséis años, delante del dueño, pidiendo que me dejara veinticinco mil pesetas, que era la entrada que pedían para conseguir el piso. El resto se pagaría en letras repartidas en varios años. No me puso peros, me dijo que el cajero me daría el dinero, que me haría firmar un recibo, y me descontaría cada mes un importe razonable, pero que yo decidiera la cantidad que mas o menos podría pagar. Sin darme cuenta me estaba metiendo en lo que luego sería la ruina del siglo XXI".
"Vino la mili, en Tenerife el campamento, en Puerto del Rosario el cuartel. Aunque se que no es políticamente correcto, fueron unos meses muy agradables, de los que no me arrepiento. En la agencia me dieron de baja. Yo no sabía como iba eso; pero a los dos días de volver del ejército fui al trabajo, y al día siguiente a trabajar. A seguir haciendo albaranes. Y nadie hablaba de política. Y nadie se quejaba de trabajar mucho. Y los estudiantes, eran los únicos que de vez en cuando alteraban un poco el orden. Algunos días entraba un grupo de jóvenes corriendo y se escondían entre los paquetes. Los grises no solían entrar. Y al rato de nuevo salían los estudiantes, y otra vez se escuchaban sus reivindicaciones. Y a lo lejos se perdían sus gritos. Y nosotros seguíamos haciendo albaranes, y fumando un cigarro detrás de otro, cuando fumar estaba bien visto".
"A los pocos años murió Franco. Lo había dejado todo bien atado, aunque se le fueron complicando las cosas y tuvo el nuevo gobierno que ir cediendo a la presión de algunos políticos. Aunque aquellos políticos cedieron mucho mas de lo que explicaban. En el mil novecientos ochenta y dos ganaron las elecciones los socialistas. Poco antes se había abortado un golpe de estado. Ya la democracia empezaba a caminar".
"En Catalunya se impuso el idioma catalán en las aulas a una gran velocidad. Y en poco tiempo empezaron a aparecer grupos que querían la independencia. Y empezaron a ocultarse las banderas de España. Y se veía como un bicho raro al que además de catalán se consideraba español. Y los grupos de independentistas se reunieron en partidos políticos, sabían que esa idea sería votada por muchos. Y llegaron a colocarse en el gobierno de Catalunya. Y consiguieron que toda la correspondencia oficial llegara en catalán a todos los ciudadanos. Y se obvió la Constitución Española, y se desobedeció con frecuencia la ley que en educación debiera amparar a todos los españoles".
"Desde el año mil novecientos sesenta y tres hasta ahora han pasado algunos años; pero han cambiado demasiado muchas cosas. En el sesenta y tres la gente no emigraba cuando se iba a trabajar a Barcelona. Emigraban los que se iban a Alemania, o a Francia. Entonces todos éramos españoles y todos teníamos el mismo idioma". Es lo que pensaba.
Hoy, aquí sentado, a la sombra de un olivo, desde donde veo recortarse el campanario de la Iglesia de la Villa, me siento un extranjero en mi pueblo. en Castro del Rio.
Antonio Aranda - castreño
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)