martes, 4 de octubre de 2016

EL CABO LITO

El cabo LITO

                                                        Introducción

    No se donde nació; pero si se que se llama Lito; porque así me lo dijo. Lo conocí hace algunos años y enseguida supe que era una persona honesta. Fué una tarde de Mayo, en una manifestación para conseguir una ley que admitiera la boda entre personas del mismo sexo. Y allí estaba Lito. Bueno, primero os quiero contar que lo de cabo le viene de cuando hizo la mili, y se quedó sin ser cabo por su rebeldía, según me explicó. Y Lito es el diminutivo de cualquier nombre, de muchos nombres. Bueno, a lo que vamos, en aquella manifestación estaba Lito, como observador, como muchos vecinos, como muchos ciudadanos. Esto no quiere decir que Lito no defendiera los motivos de aquella protesta; sin embargo, él caminaba discretamente en la última fila, como había hecho toda la vida para no molestar a nadie. De pronto surgió un gran alboroto en la primera fila de la manifestación, como el estruendo de un petardo, tal vez de una bomba, y todos empezaron a correr, y mi amigo Lito corriendo como los demás, y como era de esperar llegó la policía, y le preguntó, y él no supo que decir, y se lo llevaron a la comisaría.
     Conozco bien al cabo Lito, una persona así nunca hubiese sido coronel, lo se. Y en su vida cotidiana sigue aspirando a cabo, no quiere ser mas, quiere ser como los demás. Y fue condenado a una multa por rebelarse contra la autoridad, y la pagó en silencio y nadie le oyó indignarse por esa condena. Y volvió a casa y los organizadores de la manifestación siguieron haciendo ruido, y mi amigo Lito, en silencio, solo, nunca se arrepintió de haber estado al lado de los manifestantes. Así es mi amigo Lito. Lo conocí después de estos hechos, por medio de un amigo común. Y desde entonces he procurado acercarme a él, aunque no ha sido muy fácil, ya que tanto él como yo somos muy cerrados y cabezotas.
    Para mi es un lujo haber encontrado a esta persona en mi vida, y hemos quedado que nos iremos viendo, pues me quiere contar un montón de historias que ha vivido y que desea compartir conmigo.
    No se donde nació mi amigo Lito; pero si se que es una persona honesta, porque sigue siendo aspirante a cabo y jamás llegará a general. A lo que vamos, mañana nos reunimos para charlar un rato, estoy deseando escuchar la primera historia del cabo Lito.

                                                          Primera historia

     Hoy te voy a contar una historia vivida en un pueblo vecino, y te pido que no me interrumpas -me decía mi amigo, cuando nos acomodamos en un banco de madera a la sombra de un enorme pino, donde habíamos quedado un día antes.- Y no quiero que me interrumpas, porque se que lo sueles hacer, y te prevengo por si acaso. Como te decía, fue en un pueblo vecino, y allí estaba yo en casa de unos amigos que iban a ser desahuciados, y junto a otros amigos y vecinos nos plantamos en la puerta de la casa.            Bueno, primero te quiero explicar como se llegó a esta situación. Te hablo de un vecino, una familia trabajadora y humilde, que por problemas de trabajo y de salud dejaron de pagar el alquiler. Enseguida recibieron una carta amenazante. La verdad es que ellos no se movieron mucho, pensaron que la carta que los amenazaba no llegaría a más. Pero si llegó a más. Recibieron otra carta en la que se les comunicaba que tenían fecha para abandonar la casa. No lo podíamos  creer. Abandonar la casa que había sido su hogar durante mas de cuarenta años.
     -Pero eso no es justo- Le dije.
     -Claro que no es justo, por eso estábamos allí muchos amigos y vecinos para evitar aquella injusticia. Llegó la policía para llevar a cabo el desahucio injusto, muchos policías, armados; pero no pudieron hacer nada, allí estábamos sus vecinos y amigos para evitarlo. Nos colocamos en la puerta todos a una, agarrados unos a otros y logramos que se marcharan. Se que ellos eran mucho mas fuertes que nosotros; pero supongo que recibirían la orden de algún superior para retirarse y no provocar un altercado con heridos inocentes. Total que se fueron. Al rato llegó una nota del juzgado comunicando que la policía se había retirado ese día; pero que ya recibirían noticias en las próximas semanas. 
    -¿Como terminó la historia?- Le pregunté, pues me interesaba saberlo.
    -Pues la verdad es que no lo se, pues me fui a vivir a otro pueblo, un poco mas lejos, y perdí el contacto con ellos.    

                                                       Segunda historia

    -¿Que me vas a contar hoy, amigo Lito?- Le pregunté, después de saludarnos con un abrazo, y sentarnos cómodamente en la terraza de un discreto bar de pueblo. Estaba deseando que me contara la nueva historia. Yo iba tomando notas de lo que explicaba, siempre llevo papel y lápiz en los bolsillos, por si acaso.
     -Me gustaría que conocieras unos acontecimientos que viví poco antes de que me incorporara a la mili- Me dijo con el rostro bastante serio. Imaginé que me iba a contar algo transcendente. Continuó- Hace muchos años de esto, pero creo que está bien que te lo recuerde. Sitúate en el centro de Barcelona, en una pequeña calle muy cerca del "Paralelo", allí presencié algo muy especial, por cierto, que se repitió durante algún tiempo. Había por allí una pequeña empresa de transportes de paquetería. Yo pasaba bastantes días por delante de estas puertas que permitían entrar a las camionetas a descargar; pues justo al lado había un ambulatorio y acudía al médico por aquellos días y por el otro lado había un pequeño bar que casi sus clientes únicos eran empleados de la agencia de transporte. Yo pasaba a horas diferentes. Había un cine muy cerca de esta zona que frecuentaba bastante. Pues eso, bien por mis visitas al cine o al médico hacía el mismo recorrido y vi muchas situaciones. Recuerdo que una tarde, serían las siete mas o menos, cuando pasaba por allí, vi algo insólito, a un urbano sentado en el suelo en la puerta del bar y completamente borracho. En la calle se formaban unas largas colas de camionetas para entrar a descargar que dificultaban el tráfico en la calle, por eso había un urbano en la zona para controlar la circulación. Para que el funcionario no molestara mucho a los vehículos que hacían cola, los responsables de la agencia dieron orden al dueño del bar que el urbano tenía pagado todo lo que quisiera tomar. Alguna vez tuve que ayudarle a levantarse. Esto lo fui viendo durante un tiempo.
       -Pero es muy grave lo que me cuentas, supongo que alguna vez pasaría algún coche de la policía que viera esta situación- le dije.
       -Claro que es muy grave - continuó Lito -  yo también supongo que esto no duraría mucho, pero si te puedo decir que esta escena la vi durante un tiempo cada día. Al cabo de unos meses había otro urbano controlando la circulación de la zona. Bueno amigo ¿que te ha parecido?.
       -Muy bien Lito, acábate el café que nos vamos. Tengo un buen paseo todavía para llegar a casa.
 Nos despedimos con un apretón de manos bastante efusivo y nos separamos.

                                                                  Tercera historia

       Habíamos quedado por teléfono. Me llamó Lito para decirme que necesitaba verme. Era un pequeño parque muy céntrico, cerca de la iglesia y del ayuntamiento. Tuve que esperarlo unos minutos, las campanas me hicieron compañía. Estaba ya sentado en un pequeño banco rodeado de palomas, cuando apareció mi amigo Lito.
       Buenas tardes Lito- Le comenté, levantándome y estrechando su mano enérgicamente.
       Muy buenas tardes- Me contestó, haciéndome una señal para que me sentara, así lo hice y él también. 
       Ya me dirás los motivos de que nos veamos tan urgentemente, ya sabes que para mí es un honor contar con tu amistad- Le dije con una  leve sonrisa irónica.
        Igualmente es para mí un placer contar con tu amistad- Me pasó la mano por el hombro para acompañar a sus palabras.
         Te cuento- Siguió diciendo Lito- No quiero que esperes más. Verás, esto ocurrió hace ya algunos años en la línea 1 del metro de Barcelona que iba desde Fabra y Puig hasta Hospitalet. Ahora esta línea es mucho mas larga, tiene un montón de estaciones más. Yo cogía el metro cada día para ir a trabajar, sobre las ocho y algo de la mañana, a las nueve tenía que estar en el puesto de trabajo, aunque debo decir, para no mentir, que nunca fui muy puntual y jamás ningún encargado me llamó la atención por llegar un poco tarde. Lo que decía, a las ocho y pico, casi las nueve, estaba preparado en el andén para coger el metro en Fabra y Puig, primero había ido en autobús desde Santa Coloma de Gramenet. También debo decir que antes de coger el autobús tenía un largo paseo por zonas desiertas y muchas veces embarradas. Ya estoy en el arcén, allí ya estábamos apretados los unos con los otros. Se abren las puertas del metro, todos corriendo para coger un asiento o un lugar un poco cómodo. Esto era todos los días, unos más y otros menos, pero siempre los vagones del metro de bote en bote. Este día fue un poco especial, aunque nunca intentaba coger asiento, porque en aquella época era joven y bastante consciente de que los asientos se debían dejar a los mayores. Me coloqué en el final del vagón, era una pared rígida, a mi lado se puso una chica joven, había como unos agarramanos en la pared, allí se cogió ella delante de mí, estábamos muy cerca el uno del otro, no nos dijimos nada, empezó a entrar mas gente en la siguiente parada, nos apretamos un poco. Yo notaba su calor, de vez en cuando nos rozábamos un poco. Ni nos mirábamos siquiera. En la siguiente parada, creo que era Navas, entró mas gente, ya era imposible evitar el contacto físico. La chica me fue apretando, yo detrás tenía una pared rígida, no podía hacer nada. Nuestros cuerpos se acoplaron perfectamente. No nos dijimos nada. Llegamos a la estación Plaza de Catalunya, empezó a bajar gente, nosotros seguíamos abrazados. De pronto ella se separó y bajó en la siguiente estación, estábamos casi solos en el vagón, en la próxima bajé yo con el pantalón un poco manchado.
       -Amigo Lito, parece un sueño- Le comenté con algo de ironía.
       -Pues no es un cuento, me ocurrió yendo a trabajar en el metro. Nunca la volví a ver y tengo que decirte que tal vez no la hubiese reconocido si la vuelvo a ver al día siguiente. Supongo que en los años siguientes que estuve cogiendo el metro para ir a trabajar, casi siempre a la misma hora, alguna vez coincidiría con ella, no lo se. ¿Que te parece la historia de hoy?.
        No se me ocurrió ninguna respuesta, nos despedimos con un abrazo. Y quedamos que nos llamaríamos por teléfono para un próximo encuentro, ya que entre médicos y rutinas familiares no podíamos decidir una agenda de seguro cumplimiento.

                                                             Cuarta historia