Esta historia me la contaron hace algún tiempo, allá por la segunda mitad del siglo XX. Voy a intentar plasmarla aquí, tal vez no explique los detalles; pero si quiero que el fondo quede claro.
Quiero contar la vida de una familia campesina de hace unos años. El padre Don Manuel, la madre Doña Rosario y los tres hijos Ramón, Nicolás y Jesús, con 26, 24 y 22 años respectivamente. Vivían todos en la casa familiar en medio del campo y con una propiedad de 100 fanegas de tierra. Estaban bastante cerca del pueblo y de vez en cuando acudían a divertirse o a comprar algunas cosillas.
El trabajo de la finca lo compartían entre los cuatro hombres. doña Rosario se cuidaba de la comida y la limpieza de la casa, siempre tenía a Jesús, el hijo pequeño, dispuesto a compartir con ella estas faenas. Tenían dos tractores y dos coches que todos compartían. Se respiraba un ambiente muy agradable, aunque de vez en cuando algún hijo solicitara mas independencia, mas libertad, sobre todo Nicolás, que era el que se juntaba con algunos jóvenes que él creía que manejaban mas dinero. Aparte de estas pequeñas lagunas de tarde en tarde, la vida transcurría muy bien. Trabajando todos a una, con muchas comodidades en la casa de la finca y con frecuencia iban al pueblo tanto Don Manuel y Doña Rosario, cómo también los tres hijos. En el pueblo había una discoteca muy visitaba por todos los jóvenes, tanto del pueblo y también de otros pueblos de los alrededores.
Un domingo por la noche, estaban ya todos reunidos en el comedor esperando a Nicolás que aún no había llegado, fumando un cigarrillo y tomando una copita de moriles, que era lo normal en aquellos años. Doña Rosario se levantaba y se sentaba una y otra vez, tenía la sopa recién hecha y no quería que se enfriara. Enseguida apareció Nicolás, no hubo malas palabras y se se acercaron todos a la mesa para cenar. La madre fue sirviendo, preguntando a cada uno si quería mas en cada cazo que volcaba sobre el plato. Luego fue sirviendo desde otra olla las albóndigas y repitiendo si alguno quería mas.
Cuando acabaron de cenar, antes de que se fueran acomodando delante de la tele, Nicolás, mirando a su padre, comentó: "Me ha dicho mi amigo Paco que su padre le ha dado unas cuantas fanegas de tierra para que las lleve él, que se haga allí una pequeña casilla y pruebe a ver si puede ser independiente.